Las de Naides. Estampa Gaucha.




El 23 de septiembre fui a ver esta obra por dos motivos:

1) Porque era a beneficio de la sala "La Nave Escénica".
2) Y Porque siempre quise ver esta obra. Aunque esta idea de “gauchos” no fuese algo de mi interés.

Cuando vi las fotos que usaron para promocionar, el tipo de vestimenta no me llamaba la atención. Y hasta pensé que me aburriría. Que ilusa de mí jaja.

Tan inocente que fui. No me la ví venir. "Creía que" pero no fue así.

En un primer momento aparecen tres personajes que comienzan a preparar el oído, para que desde la expectación vayamos entrando en su lógica escénica.

Sin llegar a considerarlo, nos encontramos con un diálogo con términos antiguos y típicos del interior. Tan dinámico como divertido. En ningún momento hay caída sin remate.

Luego, de a poco y con frecuencia, se van haciendo descriptivas apariciones; en las que las cuatro grandes actrices van haciendo su llegada a la escena.

El director juega con la dinámica visual de como ellas aparecen. Hasta pareciera que fuese una película en la que en pantalla se muestran dos enfoques y van apareciendo parte de los personajes.

Estas actrices, estos actores van ejecutando sus acciones con precisión y soltura. Determinan mediante la distancia, conexión y posición, intenciones claras que son por y en sí mismas visibles a fortiori. Con un modo de habitar la escena sin prejuicios.

Una polifonía de instrumentos y voces sonaron en una euritmia melódica agradable a la percepción del oído de los/las espectadores/as.

La dinámica textual se modifica y el clima de la escena va en consonancia con ello. A medida que aumentan las voces de las actrices, el mensaje puede visualizarse o comprenderse en forma directa. Como si hubiese sido realizado con la expectativa de ser visto por todo tipo de público (y no solo para teatristas). Por la forma en que se manifestó en escena.

 “Mi nombre no me define”. “Por las que ya no están”. Estas y otras tantas frases más que se dijeron en escena, fueron dichas con la calidad pertinente y equivalente al peso que conllevan las mismas. Además, este tipo de teatro mostró una realidad con y sin poesía. Sumamente cuidado. Se realiza una crítica constante al androcentrismo que nos pesa todos los días. Teniendo en cuenta la brecha de género que ocurre desde tiempos inmemorables. Mantiene una idea bien explicita sobre la revolución feminista y sobre la anhelada caída del patriarcado.

Desde lo escenográfico existe equilibro compositivo en la imagen, no hay elementos en forma excesiva, logrando así cierta simetría.

Un vestuario tan cuidado, tan minucioso y tan armado; que da gusto de verlo. Benefició a cada movimiento ejecutado en escena. Desde los colores elegidos hasta la caída de cada una de las telas utilizadas; fue precioso y se nota el arduo trabajo en el detalle.

Más allá de todo lo que yo pueda apreciar, no me sorprende para nada. Ya que Rey Marciali Producciones ya me acostumbró al buen espectáculo.

Muy de poco fui cautivada por esta belleza de trabajo. Gracias.

Si pueden ir, vayan a verla!!!





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