MILAGROS, se parte de un tribunal emocional
Por: Candelaria Saldaño Vicente Fui a ver Milagros porque estaba Leticia Brédice. Esa es la verdad y no tengo ninguna necesidad de disfrazarla de curiosidad intelectual, de interés por la dramaturgia contemporánea ni de esas excusas que una inventa después para que sus decisiones parezcan más razonables de lo que fueron. No leí la sinopsis, no averigüé de qué trataba, no busqué entrevistas ni críticas anteriores. Fui porque estaba ella y porque hay actrices a las que una va a ver como quien va a buscar algo que todavía no sabe nombrar. Yo tenía la sensación, bastante irracional pero bastante firme, de que algo podía pasarme ahí adentro. Y pasó. Al principio, sin embargo, no podía escuchar. El sonido estaba tan mal que durante varios minutos tuve la sensación de estar mirando a una mujer atrapada detrás de un vidrio. Yo veía que Leticia estaba haciendo algo, veía su cuerpo, su boca, sus gestos, veía que había una historia intentando nacer frente a mí, pero las palabras llegaban ro...