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Mostrando las entradas de 2026

MILAGROS, se parte de un tribunal emocional

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 Por: Candelaria Saldaño Vicente Fui a ver Milagros porque estaba Leticia Brédice. Esa es la verdad y no tengo ninguna necesidad de disfrazarla de curiosidad intelectual, de interés por la dramaturgia contemporánea ni de esas excusas que una inventa después para que sus decisiones parezcan más razonables de lo que fueron. No leí la sinopsis, no averigüé de qué trataba, no busqué entrevistas ni críticas anteriores. Fui porque estaba ella y porque hay actrices a las que una va a ver como quien va a buscar algo que todavía no sabe nombrar. Yo tenía la sensación, bastante irracional pero bastante firme, de que algo podía pasarme ahí adentro. Y pasó. Al principio, sin embargo, no podía escuchar. El sonido estaba tan mal que durante varios minutos tuve la sensación de estar mirando a una mujer atrapada detrás de un vidrio. Yo veía que Leticia estaba haciendo algo, veía su cuerpo, su boca, sus gestos, veía que había una historia intentando nacer frente a mí, pero las palabras llegaban ro...

MORITE BEBA

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 Por: Candelaria Saldaño Vicente Hay algo de MORITE, BEBA que se parece a entrar a una habitación donde ya está pasando algo y, en lugar de pedir explicaciones, una decide quedarse. Algo está vivo ahí adentro. Algo se mueve, transpira, se ríe demasiado fuerte y tiene esa peligrosa capacidad de hacerte olvidar durante un rato que afuera existe el mundo con sus miserias, sus obligaciones y esa costumbre espantosa de querer que todo tenga sentido. En el Teatro Picadilly, MORITE, BEBA propone justamente eso: entregarse al juego, a la palabra, a los cuerpos y a un grupo de actores que parecen haber entendido que el teatro también puede ser una manera de sacarse la ropa del alma y quedarse frente al público sin demasiadas defensas. El texto es fantástico, y no lo digo en ese sentido tibio con el que muchas veces se elogia una obra para salir del paso. Hay algo verdaderamente vivo en la escritura, algo que respira y que encuentra en cada diálogo una posibilidad de hacer avanzar la escena...

MISERY

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 Por: Candelaria Saldaño Vicente  Hay obras que no se dejan mirar: te muerden. Se te meten debajo de las uñas, te hacen un tajo limpio en el pecho y después te obligan a aplaudir con las manos todavía llenas de sangre. Misery pertenece a esa estirpe: la de los espectáculos donde la técnica y el riesgo escénico se conjugan para producir ese fenómeno que no viene a entretener a nadie. Viene a recordarnos que el teatro sigue siendo el último animal salvaje que todavía no pudieron domesticar las pantallas. Ahí, donde un cuerpo transpira frente a otro cuerpo, todavía puede ocurrir el milagro o la tragedia. Y casi siempre son la misma cosa. Julia Calvo y Juan Gil Navarro dominan la escena con una precisión admirable, pero es en el enfrentamiento entre ambos donde aparece el verdadero acontecimiento. No actúan. Se cazan. Se huelen el miedo, se arrancan la respiración, se disputan el aire como dos criaturas condenadas a vivir encerradas en una misma jaula. Hay una electricidad tan fer...

Billy Elliot (Argentina)

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Por: Candelaria Saldaño Vicente Fuimos a ver Billy Elliot a las cuatro de la tarde, cuando el día todavía conservaba la modorra del almuerzo y la ciudad parecía respirar despacio, como una bestia vieja echada al sol. Entramos al teatro sin saber qué iba a suceder, sin saber que íbamos a encontrarnos con un pueblo entero respirando dentro de una historia. Porque Billy Elliot no empieza en una sala de danza: empieza en un lugar golpeado por la historia. Estamos en el norte de Inglaterra de los años ochenta, en medio de la huelga de los mineros del carbón, cuando las chimeneas de las fábricas parecen apagarse y las familias obreras viven con la angustia de no saber qué quedará después del día siguiente. Es un mundo de hombres endurecidos por el trabajo, de manos gastadas, de cuerpos acostumbrados a resistir. Un mundo donde los sueños parecen un lujo reservado para otros. Y ahí aparece Billy, un niño nacido en una casa donde la vida se mide en sacrificios, donde el mandato pesa como una pi...