Por: Candelaria Saldaño Vicente Hay obras que no se dejan mirar: te muerden. Se te meten debajo de las uñas, te hacen un tajo limpio en el pecho y después te obligan a aplaudir con las manos todavía llenas de sangre. Misery pertenece a esa estirpe: la de los espectáculos donde la técnica y el riesgo escénico se conjugan para producir ese fenómeno que no viene a entretener a nadie. Viene a recordarnos que el teatro sigue siendo el último animal salvaje que todavía no pudieron domesticar las pantallas. Ahí, donde un cuerpo transpira frente a otro cuerpo, todavía puede ocurrir el milagro o la tragedia. Y casi siempre son la misma cosa. Julia Calvo y Juan Gil Navarro dominan la escena con una precisión admirable, pero es en el enfrentamiento entre ambos donde aparece el verdadero acontecimiento. No actúan. Se cazan. Se huelen el miedo, se arrancan la respiración, se disputan el aire como dos criaturas condenadas a vivir encerradas en una misma jaula. Hay una electricidad tan fer...
“ YEPETO ” o la máquina de proyectar deseos. Por: Candelaria Saldaño Vicente. En “Yepeto”, la dramaturgia de Tito Cossa pone en tensión lo visible y lo oculto, en un triángulo que se completa con el vacío. Una comedia dramática de cuidada factura realista, donde las oposiciones —cuerpo e intelecto, juventud y madurez, experiencia y deseo— no se enfrentan, sino que se entrelazan, se manosean, se contradicen. La obra nace del encuentro entre un profesor de literatura —hombre solo, introspectivo, cargado de lecturas y silencios— y Antonio, el novio de Cecilia, una alumna, pero cuya presencia atraviesa cada diálogo como una herida abierta. Antonio llega con la urgencia de quien no tolera el misterio. Reprocha, interroga, denuncia un vínculo inadecuado entre su novia y el docente. Pero en ese campo de batalla discursivo, se abre algo inesperado: una forma de amistad. El profesor, que al principio parece defenderse, comienza a leer a Antonio como un texto vivien...
por Candelaria Saldaño Vicente . “Con tus besos tuve los momentos que más vida y felicidad me dieron… Debería habértelo dicho… ¿No, mi amor?”, dice Rolando antes de llamar a gritos a su ser amada. Lo que en realidad nadie sabe es cuánto dolor hay en esas pocas palabras. En la noche del pasado 9 de febrero en la sala Azucena Carmona del Teatro Real, me dispuse a escuchar las confesiones de Rolando; un hombre que hace una reconstrucción de su propia intimidad antes y después del quirófano, una reconstrucción atrapada entre el pasado y su presente. Exorcizando sus riesgos comenzamos a escuchar, a través de lo que dice y por medio de semejante voz, cómo son sus días en una institución y algunas cuestiones que lo atormentan. En esta pieza teatral, existe una concretización textual que facilita que haya simbiosis entre la misma dramaturgia y la actuación como líneas de fuerza del espectáculo que se sostienen mutuamente. Atravesando diferentes alteridades que se nombran y se perciben, e...
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